La calidad del agua en Barichara encendió las alarmas sanitarias tras un informe que concluye que el líquido no es apto para el consumo humano, pese a que la administración municipal había asegurado lo contrario semanas atrás.
El reporte del Instituto Nacional de Salud (INS) reveló que el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA) alcanzó un nivel de 60 en el casco urbano durante abril de 2026, lo que lo ubica en categoría de“alto riesgo”. La situación fue advertida inicialmente por comunidades y veedurías ciudadanas, que denunciaron que el agua llegaba turbia y con malos olores a los hogares.
Daniel Forero, vocero de la Veeduría del Agua, calificó el resultado como grave, al advertir que estos niveles representan un riesgo significativo para la salud pública. El panorama es aún más crítico en las zonas rurales, donde, según la veeduría, el agua alcanza un IRCA de 95, lo que la hace inviable para el consumo humano, afectando a más de 6.800 personas.
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El veedor ciudadano Juan Carlos Rey advirtió que la problemática es aún más crítica en la zona rural, donde cerca de 1.700 usuarios reciben agua cruda sin ningún tipo de tratamiento. Según explicó, el sistema depende de una única fuente hídrica que abastece tanto al casco urbano como al rural, pero en este último caso el líquido llega directamente desde la represa sin procesos de potabilización, según su denuncia.
Rey aseguró que estudios y denuncias han evidenciado la presencia de bacterias como E. coli en el agua, lo que ha motivado una acción popular ante el Tribunal Administrativo de Santander. También alertó sobre el incremento de enfermedades gastrointestinales, especialmente en niños y adultos mayores, quienes representan cerca del 48 % de los casos reportados en centros de salud de la región.
Recientemente, el director de la Agenda Estratégica del Agua, iniciativa de Prosantander, Hernán Clavijo Granados, alertó por el deterioro del servicio.
En una reciente visita al municipio, en la que se realizó la socialización de la Agenda, se evidenciaron graves fallas en el sistema de abastecimiento. La represa El Común, principal fuente hídrica, presenta acumulación de sedimentos debido a que la captación se realiza desde el fondo, lo que dificulta su tratamiento.
A esto se suma que la planta de potabilización opera por encima de su capacidad y tiene filtros fuera de servicio, lo que impide garantizar la calidad del agua. La única fuente alterna, la represa de La Laja, se encuentra prácticamente seca, agravando el panorama.
Semanas antes, la Alcaldía había atribuido la turbiedad del agua a problemas de oxigenación en una represa, asegurando que, pese a su apariencia, el líquido era apto para el consumo. El alcalde Milton Chaparro y funcionarios locales defendieron en su momento la calidad del agua, indicando queno existía contaminación biológica.
Sin embargo, el informe del Instituto Nacional de Salud contradice esa versión y confirma la presencia de contaminación microbiológica, lo que obliga a restringir su consumo. Tras conocerse el resultado, la Alcaldía señaló que está revisando los procedimientos de toma de muestras y solicitó una contraprueba para verificar los hallazgos.
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Además, las autoridades locales investigan si el cambio de fuente hídrica incidió en el deterioro de la calidad del agua cruda que abastece al municipio.
El mandatario también reconoció que la planta de tratamiento, con más de 60 años de operación, presenta limitaciones y requiere modernización urgente.
Mientras se define la situación, crece la preocupación entre habitantes y turistas de este reconocido destino, ante los riesgos sanitarios que podría implicar el consumo del agua.




