La justicia alcanzó finalmente a Óscar Camargo Ríos, conocido como alias Pichi, uno de los capos más temidos del nororiente colombiano, al ser condenado a 52 años de prisión por una cadena de crímenes ligados al microtráfico, el homicidio y la violencia urbana en Bucaramanga.
La Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga revocó una polémica decisión del Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado que lo había absuelto en 2024, y acogió en segunda instancia los argumentos de la Fiscalía, que apeló el fallo inicial. El nuevo dictamen considera probado, más allá de toda duda razonable, que alias Pichi lideraba desde las sombras una red criminal de alto impacto en la capital santandereana.
La condena incluye los delitos de concierto para delinquir agravado, homicidio agravado, desaparición forzada, tráfico de estupefacientes y porte ilegal de armas. Además, deberá pagar una multa superior a $6.094 millones y no podrá acceder a beneficios como la detención domiciliaria.
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Este hombre, que estuvo bajo detención domiciliaria en Antioquia y logró fugarse, operaba desde la clandestinidad y mantenía el control total de su estructura delictiva. Su nombre se convirtió en sinónimo de miedo en las comunas del norte de Bucaramanga, donde su banda, conocida como ‘Los de San Rafa’, se consolidó como una de las más violentas y organizadas de la ciudad.
Según los testimonios recabados por la Fiscalía, Pichi dirigía cada detalle de su organización desde temprano en la mañana hasta altas horas de la noche. Desde la venta de drogas hasta el reclutamiento de ‘campaneros y ‘taquilleros’, nada ocurría sin su aprobación. “Desde las seis de la mañana enviaba órdenes por mensajería. Sabía cuántas libras de marihuana se movían, cuántos paquetes, cuánto bazuco”, relató un exintegrante del grupo.
La estructura criminal contaba con más de 300 miembros y controlaba barrios como San Rafael, El Bosque, La Esperanza, Las Pilas, Villa Rosa y La Transición, entre otros. Pero el capítulo más sangriento de su prontuario tiene que ver con al menos cuatro homicidios que, según la sentencia, fueron ordenados —y en uno de los casos ejecutados— por el propio Pichi.
Uno de los crímenes más macabros fue el de Jefferson Eduardo Delgado Rincón, alias Máscara, quien fue engañado con una reunión falsa, asesinado y enterrado en una fosa con cemento en el norte de Bucaramanga. Testimonios indican que Pichi participó directamente en este asesinato, junto a otros miembros de su red: alias Chili, Yoryo y Toto.

La localización de esta fosa común fue posible gracias a un testigo que también ayudó en su momento a las autoridades en el hallazgo de los cuerpos de los periodistas ecuatorianos asesinados por alias Guacho, otro jefe narco en la región del suroccidente colombiano.
La sentencia del Tribunal destaca que la participación de Pichi en los homicidios representa el elemento más grave dentro de su historial delictivo. La estructura que lideró no solo fue un actor central en la guerra de bandas por el control del microtráfico, sino también un generador sistemático de violencia y miedo en sectores vulnerables de Bucaramanga.
Actualmente, alias Pichi permanece recluido en la cárcel de alta seguridad de Cómbita, en Boyacá. Desde allí deberá cumplir la condena que marca el cierre judicial a una historia de crímenes, fugas y poder criminal que durante años desangró a la capital santandereana.




