La emergencia provocada por el desbordamiento del río Chicamocha en zona rural de Aratoca dejó al descubierto una problemática que, según los habitantes de la vereda San Miguel, se ha venido agravando con el paso de los años. Tras las inundaciones registradas la semana pasada, varias familias perdieron sus viviendas, cultivos y animales, y ahora exigen a las autoridades una reubicación definitiva en zonas seguras.
Aunque los primeros reportes oficiales se concentraron en afectaciones ocurridas en la vereda La Vega, la situación más crítica se vive en San Miguel, ubicada en el corredor rural entre Aratoca y Cepitá, donde al menos 15 de las 45 familias de la comunidad resultaron damnificadas por la fuerza del agua.
De acuerdo con Jahir Rico, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda, habitantes de municipios ubicados aguas arriba del Chicamocha alertaron con anticipación sobre una creciente que descendía con gran velocidad, lo que permitió evacuar a tiempo y evitar pérdidas humanas.
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Sin embargo, la magnitud del fenómeno no dio margen para rescatar enseres ni herramientas de trabajo. Neveras, camas, cocinas, fumigadoras, guadañas, motosierras y otros elementos quedaron destruidos por el agua y el lodo que invadieron las viviendas.
Las afectaciones también golpearon la producción agrícola de la zona. Cultivos de tabaco, tomate pimentón, yuca, plátano, melón y patilla sufrieron graves daños, mientras que varios animales de producción murieron o desaparecieron durante la inundación.
La principal preocupación de la comunidad no es la entrega de ayudas alimentarias. Los habitantes aseguran que cuatro o cinco viviendas quedaron ubicadas en un punto de alto riesgo y que sus propietarios no pueden regresar por el temor de que una nueva creciente vuelva a poner en peligro sus vidas.
“Lo que necesitamos es una reubicación. No queremos seguir viviendo con el miedo de que el río vuelva a llevárselo todo”, expresaron al medio radial La FM varios afectados durante las jornadas de evaluación realizadas por las autoridades locales.
Los campesinos atribuyen la emergencia a las intensas lluvias registradas en municipios de Boyacá como El Cocuy, Chiscas, El Espino y Güicán. Según explican, los deslizamientos en esas zonas generan represamientos temporales en quebradas y afluentes del Chicamocha. Cuando estas barreras naturales colapsan, enormes volúmenes de agua descienden en cuestión de minutos, provocando crecientes súbitas.
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A este fenómeno se suma otro factor que preocupa a los habitantes: la acumulación constante de sedimentos y material erosionado que baja desde las laderas del Cañón del Chicamocha.
La comunidad asegura que este proceso ha elevado progresivamente el lecho del río, reduciendo su capacidad para transportar grandes caudales y aumentando el riesgo de desbordamientos en predios que históricamente nunca habían sufrido inundaciones de esta magnitud.
Mientras continúan las inspecciones técnicas por parte de las alcaldías de Aratoca y Cepitá, los habitantes hicieron un llamado a la Gobernación de Santander, a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) y al Gobierno nacional para gestionar recursos que permitan la reubicación de las familias afectadas y la recuperación de sus actividades productivas.
La Junta de Acción Comunal también inició una campaña para recibir donaciones de materiales de construcción como cemento, hierro, bloques y tejas, con el fin de apoyar la reconstrucción de las viviendas afectadas.
La emergencia en San Miguel se suma a otras afectaciones provocadas por la actual temporada de lluvias en Santander. En El Cerrito, por ejemplo, la creciente del río Servitá ocasionó el cierre total de varias vías rurales, daños en viviendas, destrucción de puentes peatonales y afectaciones al sistema de acueducto, dejando a varias comunidades incomunicadas.




