El silencio de la madrugada en Bucaramanga se rompió con el llanto débil de un bebé que apenas tenía 29 semanas de gestación. Para Julieta Muñoz, madre primeriza y oriunda de San Gil, aquel sonido fue al mismo tiempo un alivio y el inicio de la batalla más difícil de su vida: salvar a su hijo Ethan, un prematuro extremo que nació con apenas siete meses de embarazo, en una historia denominada como la de un «bebé milagro».
Lo que siguió fueron días de angustia y noches interminables en el Hospital Universitario de Santander (HUS), donde un equipo multidisciplinario luchó contra el tiempo. El pequeño llegó con anemia severa y necesitó cuatro transfusiones de sangre para aferrarse a la vida.
“Gracias a Dios y al equipo del hospital hoy puedo decir que me lo llevo sano a casa”, contó Julieta con la voz quebrada, luego de pasar dos meses y medio al lado de la incubadora que se convirtió en el primer hogar de su hijo.
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#Bucaramanga l Como un "milagro" calificó la mamá de un bebé la vida de su hijo que nació con siete meses de gestación y anemia y recibió cuatro transfusiones de sangre.
— Metropolitano Noticias (@metropolitano_X) September 3, 2025
La madre, oriunda de San Gil, agradeció al personal médico del @hus. pic.twitter.com/sdb6QvmmOf
Neonatólogos, pediatras, terapeutas respiratorios y enfermeras unieron esfuerzos para mantener con vida al bebé, que según los especialistas enfrentaba una de las condiciones más críticas en obstetricia. “Requirió soporte de muchos órganos, incluso de su corazón. Por eso la sangre donada fue vital para su recuperación”, explicó la pediatra Ana María Reyes.
El caso del pequeño, al que el personal del HUS bautizó como “bebé milagro”, puso de relieve la urgencia de fortalecer los bancos de sangre, vitales para responder a emergencias médicas y nacimientos de alto riesgo.
“Sin esas transfusiones mi hijo no estaría aquí”, reiteró la madre, que ahora regresa a casa con Ethan, estable y con el peso adecuado tras semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales.
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El HUS, que cada mes atiende cientos de casos de alta complejidad, recordó a la comunidad la importancia de donar sangre para garantizar la vida de pacientes en situaciones límite.
Hoy, Julieta se despide del hospital con lágrimas de gratitud y esperanza. “Me llena el alma saber que ya puedo compartir con mi hijo, con mi familia, y ver a mi bebé en casa. No tengo cómo agradecer lo que hicieron por nosotros”, concluyó, abrazando a Ethan, el pequeño que venció lo imposible.




