Bogotá dio un giro drástico en su política de movilidad: a partir del primer semestre de 2026, los vehículos no matriculados en la capital tendrán restricción de pico y placa dos sábados al mes. La medida, que busca frenar la congestión y corregir un desbalance fiscal que preocupa al Distrito, contrasta con lo ocurrido en Bucaramanga, donde una iniciativa similar fue suspendida por orden judicial.
La secretaria de Movilidad, Claudia Díaz, explicó que cerca del 30% de los carros que circulan hoy en Bogotá —unos 300.000— están matriculados en otros municipios. Según la funcionaria, este fenómeno presiona el tráfico y le resta a la ciudad recursos que podrían invertirse en vías y programas de movilidad.
Díaz señaló que los sábados se registran picos de flujo vehicular comparables a los de un día laboral, especialmente entre las 10:00 a. m. y las 3:00 p. m. Por eso, el nuevo pico y placa aplicará de 6:00 a. m. a 9:00 p. m. exclusivamente para vehículos matriculados fuera de Bogotá, manteniendo las excepciones actuales para eléctricos, híbridos y otras categorías.
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Uno de los puntos más sensibles es el impacto en las finanzas del Distrito. La administración estima que Bogotá deja de percibir alrededor de 12 billones de pesos por la matriculación de vehículos en municipios vecinos, lo que afecta la capacidad de inversión en infraestructura.
Frente a críticas por una presunta discriminación hacia quienes viven fuera de la ciudad, la secretaria destacó que existen alternativas como el Pico y Placa Solidario para quienes ingresan ocasionalmente por motivos médicos, comerciales o familiares.
Mientras avanza el proceso de reglamentación, aún no se define si la restricción operará por placas pares e impares o por fechas específicas. Lo cierto es que el Distrito decidió anticipar el anuncio para que los propietarios puedan adaptarse.
El alcalde Carlos Fernando Galán respaldó la decisión con cifras: desde 2012, la participación de vehículos nuevos matriculados en Bogotá ha caído de forma sostenida. Aunque el parque automotor crece cada año, la matrícula en la capital no sigue el mismo ritmo. Entre 2012 y 2015 —recordó— la ciudad habría dejado de recibir cerca de un billón de pesos en impuestos de vehículos que circulan habitualmente en su territorio pero están matriculados en otras ciudades.
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La tendencia continúa: en 2024, el parque automotor matriculado por fuera de Bogotá creció cuatro veces más rápido que el registrado dentro de la ciudad. Para la Alcaldía, el mensaje es claro: la carga sobre la movilidad capitalina aumenta, mientras los ingresos públicos no.
El contraste con Bucaramanga
La discusión no es ajena a otras ciudades. En Bucaramanga, un plan que buscaba restringir la circulación de vehículos no matriculados en Santander —mediante pico y placa par e impar— quedó suspendido provisionalmente por decisión de un juez.
La medida, que debía arrancar el pasado 16 de julio de 2025, generó protestas de conductores del área metropolitana y fue frenada tras un recurso legal presentado contra su implementación. Por ahora, los vehículos con placas de otros municipios pueden circular sin restricciones adicionales, más allá del pico y placa tradicional.
Según datos oficiales, el área metropolitana de Bucaramanga tenía 879.810 vehículos matriculados a diciembre de 2023. Para la Dirección de Tránsito, más del 80% de los comparendos por transporte informal recaen sobre conductores de vehículos con placas foráneas, uno de los argumentos utilizados para defender la restricción.
Mientras Bogotá avanza en su nueva política, el debate sobre la matrícula y la movilidad regional vuelve a tomar fuerza, con ciudades que buscan equilibrar sus finanzas y mejorar la congestión, pero enfrentan retos jurídicos y resistencias ciudadanas.




