La Alcaldía de Bucaramanga anunció que modificará dos tramos de las ciclorrutas construidas en la ciudad, retirando la segregación rígida en concreto y reemplazándola por elementos flexibles, en medio de un debate que vuelve a poner sobre la mesa el futuro de la movilidad sostenible en la capital santandereana.
El anuncio lo hizo el alcalde Cristian Portilla en entrevista con Caracol Radio, donde confirmó que las intervenciones se realizarán en las carreras 21 y 35, específicamente en sectores del Centro, El Prado y Cabecera del Llano.
Según explicó el mandatario, los bordillos en concreto que actualmente delimitan estos corredores exclusivos serán desmontados y sustituidos por taches luminosos, con el objetivo de ofrecer una separación visible para los conductores y mayor seguridad para los ciclistas durante la noche.
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Portilla indicó que las modificaciones se realizarán en cumplimiento de un fallo derivado de una acción popular interpuesta por comerciantes que manifestaron afectaciones tras la construcción de la infraestructura.
Pese a los cambios, el alcalde fue enfático en que no se desmontará la red de ciclorrutas existente. “Se mantendrán los 20 kilómetros de corredores exclusivos para los biciusuarios”, aseguró, al reiterar que la apuesta por la movilidad alternativa continúa vigente.
Los trabajos de adecuación comenzarán por la carrera 21, en el tramo comprendido entre la calle 45 y la avenida Quebradaseca, uno de los puntos con mayor flujo vehicular y comercial de la ciudad.
Las ciclorrutas de Bucaramanga fueron implementadas durante la administración del exalcalde Rodolfo Hernández, como parte de una estrategia para promover el uso de la bicicleta y reducir la congestión vehicular. El proyecto contó con respaldo técnico y financiero de ONU Hábitat.
En su momento, la ciudad pasó de tener escasos tramos aislados a consolidar una red cercana a los 20 kilómetros, distribuidos principalmente sobre corredores estratégicos como las carreras 21, 27 y 35, además de sectores como Cabecera, el centro y el entorno de la Ciudadela Real de Minas.
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La iniciativa generó posiciones divididas: mientras colectivos de ciclistas destacaron el avance en infraestructura sostenible, comerciantes y algunos gremios cuestionaron la reducción de carriles y el impacto en el tránsito y el acceso a establecimientos.
Con el paso de los años, algunos tramos fueron objeto de ajustes y controversias jurídicas, lo que derivó en decisiones judiciales que hoy obligan a la administración actual a realizar modificaciones puntuales.
El alcalde Portilla sostuvo que la intención no es eliminar la cicloinfraestructura, sino “armonizarla” para equilibrar el derecho al trabajo, la movilidad vehicular y la seguridad de los usuarios de bicicleta.
En paralelo a las obras físicas, el mandatario anunció que se impulsará una campaña de cultura ciudadana para reforzar el respeto por los ciclistas y promover una convivencia vial más segura.
Las intervenciones en las carreras 21 y 35 se ejecutarán en los próximos días y marcarán una nueva etapa en el debate sobre el modelo de movilidad que debe adoptar Bucaramanga, una ciudad que en los últimos años ha intentado consolidar la bicicleta como una alternativa real de transporte urbano.




