La escalada del conflicto que libran desde febrero el Eln y las disidencias de las Farc está dejando a las comunidades del Catatumbo en una situación límite. Organizaciones humanitarias advierten que la región enfrenta uno de sus peores momentos: aumento de la violencia, desplazamientos silenciosos y veredas enteras atrapadas entre las ofensivas armadas.
Tejedoras de Paz, una de las organizaciones que acompaña a familias rurales en esta zona, alertó que el deterioro humanitario avanza “a un ritmo alarmante”. Su coordinadora, Diana Vargas, aseguró que hoy la población vive bajo un riesgo permanente que se agudiza con cada nuevo movimiento de las guerrillas enfrentadas.
Según la entidad, el confinamiento impuesto por los choques armados mantiene aisladas a múltiples veredas, donde los caminos están vigilados o controlados por actores ilegales. Esta restricción de movilidad ha dejado a las familias sin posibilidad de acceder a mercados, alimentos o servicios esenciales.
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Vargas explicó que este cerco armado está provocando un impacto profundo en la seguridad alimentaria: más de 100 familias atendidas por la organización ya reportan afectaciones directas, con niños y adolescentes en riesgo de desnutrición. “La violencia marca cada día a las personas, y el confinamiento impide que puedan llevar su sustento a casa”, señaló a Caracol Radio.
La líder social añadió que incluso la presencia institucional se ha visto limitada. Funcionarios y misiones humanitarias han tenido dificultades para llegar a los territorios debido a las amenazas de los grupos armados. “Muchas veces no es posible entrar a todas las comunidades, y eso deja maniatadas las acciones locales”, afirmó.
En medio de estas restricciones, algunas familias se ven obligadas a recurrir a medidas extremas para sobrevivir. La organización recibe con frecuencia solicitudes de ayuda urgente por violaciones de derechos humanos, casos de hambre y comunidades enteras en aislamiento forzado, pero la respuesta institucional —dicen— sigue siendo insuficiente.
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A este panorama se suma el repunte reciente de secuestros en la zona, una práctica que vuelve a sembrar miedo en los caseríos rurales y que incrementa la sensación de indefensión.
“Las agresiones contra las comunidades van creciendo día tras día, y son ellas las que quedan en medio del fuego cruzado”, advirtió Vargas, quien insistió en que el conflicto entre el Eln y las disidencias está dejando a la población atrapada y sin salida.
Tejedoras de Paz pidió a las autoridades municipales, departamentales y nacionales implementar medidas inmediatas, con inversiones que permitan atender a los municipios más golpeados. “Las soluciones largas no responden a la urgencia. La gente está enfrentando hambre, riesgo y encierro hoy”, concluyó la lideresa.




