Cúcuta Deportivo volvió a donde la afición siempre lo esperó: la Primera División. El ascenso llegó este domingo en una noche cargada de drama, fallas, épica y un estadio que vibró como una caldera, después de vencer por penaltis al Real Cundinamarca en la final del Torneo de Ascenso del segundo semestre.
Contra todos los pronósticos y pese a desperdiciar dos penaltis en el tiempo reglamentario, el equipo motilón consiguió el regreso a la A tras igualar la serie y superar un desempate tan sufrido como inolvidable. Fue una clasificación que mezcló angustia, suspenso y un estallido colectivo de felicidad en el General Santander.
El partido tuvo un arranque frenético del Cúcuta, que salió decidido a resolver la serie sin más demoras. El primer golpe lo dio Lucas Ríos, quien empujó al fondo de la red un pase al corazón del área y desató la locura en las tribunas. Pero frente a ellos se levantó una figura monumental: el portero Kevin Cataño, que sostuvo a Real Cundinamarca con atajadas imposibles.
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El guardameta visitante frenó remates de Tamara, Hinestroza y del propio Ríos, e incluso un defensor evitó un segundo gol sacando la pelota en la línea tras un tiro de esquina. Cuando el local parecía más cerca del 2-0, un contragolpe fulminante dejó el 1-1 justo antes del descanso, gracias a una jugada entre Caicedo y Rocha que terminó desviada por un rival.
En el segundo tiempo, Cúcuta recuperó el control. El goleador Agudelo cazó un rebote en el área y fusiló a Cataño para el 2-1, reavivando la ilusión en un estadio que ya vibraba anticipando el ascenso. Pero el guion se enredaría aún más: dos penales para el local terminaron en tragedia deportiva. Primero, Agudelo falló tras la expulsión de Rocha por un golpe en el área; luego Pisano hizo temblar el travesaño en otro cobro que parecía definitivo.
Sin resolverlo en 90 minutos, el ascenso se fue a los penaltis. Allí, el héroe inesperado fue Ramiro Sánchez, arquero del Cúcuta, quien atajó dos cobros. Cataño, fiel a su noche excepcional, también tapó dos, manteniendo vivo a su equipo hasta el final.
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Pero el destino tenía un giro final. El propio Cataño, figura absoluta del partido, tomó la responsabilidad de cobrar… y mandó el balón al travesaño. En el cobro decisivo, Cristian Álvarez no falló y desató el rugido que llevaba años contenido: Cúcuta Deportivo es de Primera A.
La ciudad celebró un ascenso sufrido, emocionante y marcado por una entrega total en la cancha. El motilón renace y vuelve al fútbol grande de Colombia.



