La falta de medicamentos para miles de afiliados de Nueva EPS en Cúcuta y Norte de Santander se convirtió en una emergencia silenciosa que ya pone en riesgo la vida de cerca de 800.000 usuarios, ante la ausencia de soluciones concretas por parte de la entidad y de las autoridades de salud.
La situación se arrastra desde noviembre del año pasado, cuando el operador farmacéutico Cafam restringió la entrega de medicamentos por cuentas pendientes. Desde entonces, pacientes con tratamientos continuos han visto interrumpida la atención sin que exista un plan claro para normalizar el servicio.
Pese a la gravedad del panorama, el agente interventor de Nueva EPS, Luis Óscar Galves Mateus, designado en noviembre, no ha fijado una posición pública frente a la crisis que afecta al departamento. Tampoco se conocen medidas específicas para garantizar el suministro de medicamentos en la región.
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El silencio se extiende a la Superintendencia Nacional de Salud. Aunque medios cucuteños consultaron por las acciones adoptadas en Norte de Santander, no hubo un pronunciamiento puntual. La entidad solo informó, de manera general, que se atienden PQRS a nivel nacional, sin referirse al desabastecimiento que enfrentan los usuarios.
Las autoridades de salud departamentales y los organismos de control tampoco han emitido declaraciones públicas. Para el veedor de salud Nicolás Salazar, la falta de respuestas demuestra desinterés frente a una crisis que golpea directamente a cientos de miles de personas.
Organizaciones del sector salud han alertado sobre la dimensión estructural del problema. Pacientes Colombia señaló que, pese a recibir cerca de 16 billones de pesos al año, Nueva EPS acumula deudas por 21,3 billones con hospitales y prestadores, además de anticipos sin legalizar, millones de facturas sin auditar y un patrimonio negativo, según informes oficiales de 2025.
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El impacto ya se refleja en el sistema. Afidro reportó el cierre de más de 6.000 servicios de salud en el país durante el primer semestre de 2025, mientras Anif advirtió que el gasto de bolsillo de los hogares sigue en aumento. A esto se suma que algunos pacientes deben esperar más de 250 días para recibir sus medicamentos.
Entre tanto, en Cúcuta y Norte de Santander el drama continúa. La escasez afecta a personas con enfermedades crónicas y de alto riesgo como cáncer, diabetes, VIH, hipertensión e insuficiencia renal, para quienes la interrupción de los tratamientos representa un peligro inmediato para su salud y su vida.




