La nueva composición del Consejo Nacional Electoral (CNE) dejó este miércoles una fotografía favorable para el Gobierno de Abelardo De La Espriella y abrió nuevas tensiones entre las fuerzas políticas del Congreso.
Después de más de cuatro horas de negociaciones y votaciones, los sectores de centroderecha lograron quedarse con siete de las nueve magistraturas del organismo electoral. La izquierda conservó únicamente dos espacios.
El resultado representa una primera demostración de la capacidad del nuevo Gobierno para construir acuerdos en el Legislativo. También evidencia que la alianza entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático, que había funcionado en la elección de la Presidencia del Senado, no se mantuvo para esta votación.
Uno de los principales beneficiados de la jornada fue el ministro del Interior, Rodrigo Lara, quien tuvo un papel activo en las conversaciones con diferentes bancadas para asegurar los votos necesarios.
La votación también significó un duro golpe para el Pacto Histórico. Aunque la colectividad fue la bancada más votada en las últimas elecciones legislativas, terminó en clara minoría dentro del tribunal electoral.
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Golpe para En Marcha y los verdes
La jornada dejó además derrotados a sectores de En Marcha, movimiento liderado por el exministro Juan Fernando Cristo, y a la Alianza Verde, que no consiguió una representación propia en el CNE.
El caso de los verdes expuso, además, las divisiones que desde hace varios años atraviesa esa colectividad. Durante la votación hubo sectores que respaldaron candidaturas diferentes, entre ellos uno cercano al gobernador de Boyacá, Carlos Amaya.
La exclusión de Guillermo Rivera también generó malestar, pese a los acuerdos que se habían planteado entre En Marcha y un sector de los verdes.
En el Pacto Histórico, entretanto, también hubo desacuerdos internos por la decisión de no incluir a José Salamanca en la plancha de candidatos.
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Una señal para el Congreso
Más allá de la elección de los magistrados, el resultado es leído como una prueba de fuerza para la administración de De La Espriella.
El Gobierno deberá ahora mantener esos acuerdos para sacar adelante su agenda legislativa y enfrentar las decisiones que estarán en manos del CNE durante los próximos años.
La composición del organismo también tendrá relevancia en procesos relacionados con investigaciones electorales, pérdida de investiduras y demandas sobre curules, asuntos que convierten al tribunal en una pieza clave del escenario político nacional.




