Una inesperada controversia internacional ha catapultado a Frisby, la reconocida cadena de pollo colombiano, al centro de la conversación digital. La empresa se convirtió en tendencia nacional luego de que se conociera que su nombre, logotipo, colores e incluso su icónico personaje fueron registrados en España sin autorización de sus creadores.
El hecho fue revelado tras la constitución en Bilbao de la sociedad ‘Frisby España S.L.‘, a nombre de Gonzalo Barrenechea Correa y Jacqueline Guillemine Pérez. La nueva empresa fue formalizada ante notaría utilizando elementos visuales y comerciales que imitan los de la firma colombiana, lo que encendió las alarmas sobre una posible apropiación indebida de propiedad intelectual.
La noticia se viralizó rápidamente. Miles de usuarios, marcas, influencers y hasta políticos se sumaron al respaldo hacia Frisby con mensajes de solidaridad que invadieron las redes sociales. Incluso empresas competidoras manifestaron públicamente su apoyo.
Únase AQUÍ al canal de WhatsApp de METROPOLITANO y reciba en su celular nuestras mejores historias

En medio de la ola de comentarios, algunos usuarios propusieron —en tono humorístico— que el pollo Frisby se lanzara como candidato presidencial, destacando la fuerte conexión emocional que la marca ha construido con los colombianos.
Más allá del revuelo mediático, el fenómeno ha llamado la atención de expertos en mercadeo, quienes ven en esta crisis una oportunidad única para que Frisby capitalice la fidelidad del público. «Sin invertir un peso, la marca logró el impacto de una campaña gigantesca”, aseguró a el diario El Tiempo Juan Pablo Rocha, publicista y académico de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Lina María Echeverri, directora del Graduate School of Business de la Universidad del Rosario, destacó que este caso demuestra el poder del marketing en tiempo real y el valor intangible de una marca bien posicionada. «Frisby no solo es una empresa, es parte de la cultura popular colombiana. Por eso la gente se siente identificada y defiende lo que considera suyo”, explicó.

No obstante, los especialistas también le advirtieron a El Tiempo sobre los riesgos de una sobreexposición. «El apoyo masivo es una oportunidad, pero si no se gestiona adecuadamente, puede volverse efímero. La marca debe actuar con rapidez para conectar emocionalmente con su audiencia en este momento”, señaló Rocha.
Hasta ahora, más de 200 empresas han expresado públicamente su respaldo a Frisby, en lo que algunos consideran un gesto genuino de solidaridad, pero otros interpretan como una estrategia para subirse a la tendencia y ganar visibilidad.
El caso también deja una enseñanza más profunda: las marcas no pertenecen solo a sus creadores, sino a las personas que las integran en su vida diaria. En medio del escándalo, Frisby ha reafirmado su lugar en el corazón de los colombianos, y ahora tiene en sus manos el reto de transformar esta crisis en una victoria de reputación.




