Lo que comenzó como una afición infantil por las películas de terror terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Laura Julieth Guerrero Torres, una estudiante de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), logró unir dos pasiones aparentemente opuestas: la gastronomía y los efectos especiales cinematográficos, una combinación que hoy le permite crear desde heridas hiperrealistas hasta vísceras humanas comestibles para producciones audiovisuales.
A sus 25 años, la bumanguesa cursa simultáneamente los programas de Gastronomía y Alta Cocina y Artes Audiovisuales, una apuesta académica con la que busca abrirse camino en una industria poco explorada en Colombia.
Su fascinación por el género del terror nació cuando era niña. Junto a su hermano pasaba horas viendo películas y jugando videojuegos, mientras intentaban descifrar cómo se elaboraban las máscaras, heridas y efectos sangrientos que aparecían en pantalla. Esa curiosidad la llevó a experimentar desde los 12 años con látex, maquillaje, sangre artificial y materiales moldeables para crear sus propios disfraces de Halloween.
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Con el paso de los años, aquel pasatiempo se convirtió en una vocación. Tras terminar el colegio ingresó a la UNAB para estudiar Gastronomía y Alta Cocina, motivada por la influencia de su abuela. Sin embargo, decidió dar un paso más y matricularse también en Artes Audiovisuales para complementar su formación y acercarse a su sueño profesional.
Hoy, en una habitación de su casa, conserva un pequeño taller donde fabrica máscaras, prótesis, dedos, ojos y otros elementos característicos del cine de terror. Allí dedica horas de trabajo a la elaboración y maquillaje de cada pieza, perfeccionando una técnica que ha fortalecido gracias a los conocimientos adquiridos en ambos programas académicos.
Laura asegura que la formación gastronómica le ha permitido innovar dentro de los efectos especiales. Gracias a técnicas aprendidas en repostería y cocina ha logrado crear telas comestibles, vidrios falsos elaborados con caramelo y prótesis que pueden ser ingeridas por los actores durante las grabaciones.
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Esa experiencia fue puesta en práctica recientemente durante la producción del cortometraje ‘Líbranos del Mal‘, donde participó junto a otros estudiantes. Para el rodaje desarrolló vísceras humanas comestibles y otros efectos especiales que aportaron realismo a la historia sin comprometer la seguridad de los actores.
La estudiante destaca que la posibilidad de cursar dos carreras de manera simultánea le ha permitido ampliar sus conocimientos, conocer nuevas disciplinas y encontrar herramientas para materializar proyectos que parecían imposibles. Además, resalta el apoyo académico y la flexibilidad que ha encontrado durante su proceso de formación.
Su meta ahora es consolidar ‘Red Poison’, una empresa especializada en maquillaje prostético, vestuario y efectos especiales para producciones audiovisuales. Paralelamente, trabaja en ‘Cocina Roja’, un emprendimiento gastronómico inspirado en películas, series y videojuegos de terror. Dos proyectos que reflejan cómo la creatividad, la innovación y la educación pueden converger para transformar un hobby de infancia en una apuesta profesional con sello santandereano.




