Una nueva tragedia enluta al Catatumbo. Al menos seis personas fueron halladas sin vida tras un cruento enfrentamiento entre grupos armados ilegales en zona rural del municipio de Ocaña, Norte de Santander. La violencia desatada ha obligado a decenas de familias campesinas a abandonar sus hogares y buscar refugio en el casco urbano de la ciudad.
El hecho ocurrió en la vereda El Cerro de las Flores, donde la comunidad despertó la mañana del pasado martes con el aterrador silencio que siguió a horas de intensos disparos durante la noche anterior. En medio del miedo y la incertidumbre, los mismos pobladores localizaron y agruparon seis cuerpos en un punto de la zona, todos con múltiples heridas, y según testimonios, sin armas ni prendas militares visibles.
Olguín Mayorga, presidente de la Asociación Nacional de Víctimas, denunció que esta nueva escalada del conflicto está generando un desplazamiento masivo. «Tenemos conocimiento de al menos un centenar de familias que están llegando a Ocaña, huyendo del fuego cruzado entre el Eln y las disidencias de las Farc«, declaró.
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La presencia de estos dos grupos al margen de la ley en el área ha reavivado el temor entre la población civil, que se encuentra completamente vulnerable ante los enfrentamientos. Aunque aún no se ha confirmado la identidad de los fallecidos, líderes comunitarios advierten que podrían tratarse de campesinos locales, víctimas colaterales de una guerra que no da tregua, o de combatientes de los dos bandos.
Funerarios locales fueron los encargados de trasladar los cuerpos a la morgue de Ocaña, dado que las autoridades no han podido ingresar a la zona por la falta de condiciones de seguridad. Mientras tanto, la Policía de Norte de Santander investiga el origen del enfrentamiento y busca esclarecer los hechos.
Desde enero, el Catatumbo atraviesa una grave crisis humanitaria: más de 100 personas han sido asesinadas, cerca de 60 mil desplazadas y al menos 15 mil permanecen confinadas, atrapadas entre dos fuerzas ilegales que disputan el control del territorio. La emergencia no cesa, y la población civil sigue pagando el precio más alto.



