En la Unidad de Quemados del Hospital Internacional de Colombia (HIC), el dolor ya no es el único protagonista en el proceso de curación de los niños. Gracias a una estrategia innovadora llamada ‘Mi amigo de cura’, el hospital ha logrado convertir el miedo, la ansiedad y el estrés en confianza, juego y acompañamiento emocional. Lo hace con muñecos personalizados, carritos eléctricos y dinámicas lúdicas que colocan al niño en el centro de su recuperación.
La iniciativa forma parte del modelo de humanización en los servicios del HIC y fue diseñada para atender de manera integral a pacientes pediátricos de entre 1 y 12 años que han sufrido quemaduras, muchas de ellas provocadas por accidentes domésticos con líquidos calientes o contacto con superficies como hornos y llantas.
Cada niño recibe un muñeco que representa de manera simbólica su lesión: la figura lleva gasas, vendas y accesorios que reflejan su tratamiento real, permitiéndole al pequeño jugar, anticipar y comprender su proceso médico. Así, lo que antes era un momento temido se convierte en una experiencia más llevadera y con sentido.
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«El carrito eléctrico que usamos para llevarlos a la sala de procedimientos es clave«, explica Diana Carolina García Serrano, jefe de enfermería de la Unidad de Quemados.
«Los niños van con su muñeco, a quien antes le ‘practicamos’ la curación. Esto les da seguridad, disminuye la ansiedad y los dispone mejor para recibir su tratamiento».
Desde que se implementó hace ocho meses, más de 150 niños se han beneficiado de esta estrategia. Muchos de ellos han bautizado a sus muñecos con nombres de familiares, superhéroes o amigos, convirtiéndolos en aliados de su recuperación emocional.

La Unidad de Quemados del HIC reporta que el 37% de los pacientes atendidos son niños, siendo las lesiones por líquidos calientes como agua, chocolate o aceite, las más frecuentes. Estos tratamientos suelen requerir múltiples sesiones de curación, convirtiéndose en un proceso doloroso y prolongado.
En este contexto, el hospital entendió que no bastaba con los medicamentos: hacía falta imaginación, educación y ternura. Por eso, ‘Mi amigo de cura’ no solo reduce el miedo al procedimiento, sino que fortalece el vínculo entre el niño, su entorno y el personal de salud. Se espera que la estrategia beneficie a 300 niños al año, contribuyendo a una atención más cercana, digna y humana.
Por: Daniel Santiago Castro
Estudiante UDI – Especial para METROPOLITANO




