Un audio conocido en las últimas horas dejó al descubierto la crudeza con la que el conflicto armado sigue golpeando a los niños del Catatumbo. En la grabación, un menor le confiesa a su profesor que tendrá que ir a raspar hoja de coca para poder comprar los útiles escolares que necesita para continuar sus estudios.
La conversación, registrada en una zona rural de esta subregión de Norte de Santander, ocurre en medio de los enfrentamientos entre el Eln y las disidencias de las Farc. En ella, el niño relata con aparente normalidad que recurrirá a esa labor para reunir el dinero necesario y adquirir sus cuadernos y materiales básicos.
“Ah, bueno, bueno, este profesor, bueno ya sé. Entonces, ahorita me pongo a hacer eso y como yo sé raspar, entonces raspo poquito a poco por ahí para comprarme los (cuadernos) cuatro materias”, dijo.
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El docente, consciente de la precariedad económica que enfrentan la mayoría de sus estudiantes, intenta que el menor no abandone el colegio y le sugiere priorizar los útiles esenciales para las materias fundamentales, como matemáticas, sociales, ciencias naturales y español.
El audio expone una realidad silenciosa y persistente: niños y adolescentes empujados a economías ilícitas no por elección, sino por necesidad. En amplias zonas rurales del Catatumbo, el control territorial de los grupos armados, la pobreza y el abandono estatal han convertido el trabajo en cultivos de uso ilícito en una de las pocas alternativas para subsistir.
Mientras los actores armados se disputan corredores estratégicos y rentas del narcotráfico, muchos menores quedan atrapados en medio de la guerra, obligados a cambiar los cuadernos por jornadas de trabajo en el campo ilegal para poder seguir asistiendo a la escuela.
Tras conocerse esta historia, el Batallón de Ingenieros de Construcciones N.° 50 impulsó una campaña de recolección de útiles escolares, que logró el apoyo de la comunidad, pequeños comerciantes y soldados. La jornada permitió reunir cuadernos, colores, esferos, maletas y otros elementos básicos para los niños de la zona.
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Desde el Ejército señalaron que esta iniciativa busca ir más allá de la labor operativa y aportar a la transformación social del territorio, brindando oportunidades a los menores para que puedan continuar su proceso educativo.
En entrevista con Caracol Noticias y bajo estricta reserva de su identidad, el profesor confirmó que el caso del niño no es aislado y que representa la realidad de la mayoría de estudiantes del sector. Relató que muchos llegan solos a la escuela, pese a los riesgos, motivados por su deseo de aprender y superarse.
El docente también describió el ambiente de temor permanente en el que se desarrollan las clases, con sonidos de explosiones y disparos a lo lejos, en escuelas que en ocasiones terminan siendo refugios improvisados en medio del conflicto.
La historia se convierte en una alerta sobre la situación de miles de niños cuyos derechos se ven afectados por la guerra, la pobreza y la falta de inversión social. Una niñez que crece entre los cultivos ilícitos y el abandono, pero que aún ve en la educación la posibilidad más digna de cambiar su futuro.




