Una estrategia ambiental desarrollada en el relleno sanitario El Carrasco logró disminuir drásticamente la presencia de gallinazos en la zona, reduciendo en un 84 % la población de estas aves carroñeras, que representaban un riesgo para la seguridad aérea del Aeropuerto Internacional Palonegro.
La Empresa de Aseo de Bucaramanga (EMAB) confirmó que, tras años de intervención técnica, la cifra pasó de 3.529 gallinazos en 2009 a cerca de 500 en la actualidad. La medida responde al mandato del Consejo de Estado, que en 2024 ordenó acciones urgentes para minimizar los peligros de fauna en rutas de vuelo.
Pero la transformación va más allá del control de aves. El Carrasco está dejando de ser solo un sitio de disposición final de basuras para convertirse en un punto de biodiversidad urbana. Hoy alberga 77 especies de aves —incluyendo siete migratorias—, ocho mamíferos, cuatro anfibios y 16 reptiles, según reportes ambientales recientes.
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«El equilibrio entre conservación y seguridad aérea es nuestra prioridad. Por eso usamos métodos respetuosos con la fauna, pero efectivos para reducir el impacto de estas aves en las operaciones del aeropuerto«, explicó Laura Lozano Suárez, bióloga de la EMAB.
Entre las acciones implementadas se destacan el uso de ahuyentadores manuales, la cobertura diaria de residuos con materiales naturales y sintéticos que eliminan olores atrayentes, la revegetalización del terreno, y censos frecuentes que permiten ajustar las estrategias según el comportamiento de la fauna.
Además, la empresa mantiene coordinación constante con la Aeronáutica Civil y el equipo del aeropuerto Palonegro para hacer seguimiento técnico a la presencia de especies que puedan interferir en rutas de aproximación y despegue.
La experiencia de Bucaramanga en El Carrasco es hoy una referencia de gestión ambiental urbana, donde la sostenibilidad no se limita al manejo de residuos, sino que abarca la protección de ecosistemas y la seguridad operativa del transporte aéreo.



