Después de décadas de dificultades para movilizarse, habitantes del sur de Santander comenzaron a transitar con normalidad gracias a la entrada en operación del puente La Paz, una obra que elimina uno de los puntos más críticos de conexión en la región.
La infraestructura, entregada por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), fue verificada por su director, Carlos Carrillo, durante una visita al departamento, donde destacó el impacto social y económico de la obra.
El puente modular semipermanente conecta a los municipios de La Paz, Landázuri, Belén y Santa Helena del Opón, beneficiando de manera directa a cerca de 8.000 habitantes del sector de Bocas del Opón, quienes por años enfrentaron riesgos para cruzar el río Quiratá.
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La estructura metálica tiene una longitud de 64 metros, un ancho de 4,2 metros y una capacidad de carga de hasta 52 toneladas, lo que permite el tránsito seguro de vehículos y el transporte de productos agrícolas.
La inversión total fue cercana a los 8.000 millones de pesos, financiados con recursos nacionales, mientras que la Gobernación de Santander aportó aproximadamente 2.400 millones en materiales y cerca de 500 millones en maquinaria para adecuaciones y accesos.
Con la puesta en marcha del puente, se elimina un punto recurrente de emergencia que durante años dejó incomunicadas a varias veredas, especialmente en temporadas de lluvias cuando el caudal del río aumentaba.
La ausencia de esta infraestructura durante más de tres décadas afectó gravemente la movilidad de estudiantes, adultos mayores y pacientes, así como la comercialización de productos como banano, yuca, cacao, cítricos y ganado.
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Antes de la obra, los habitantes debían descender por terrenos empinados, cruzar el río a riesgo propio y volver a escalar, o recurrir al transporte en mula o camioneta en condiciones precarias, situaciones que se agravaban en invierno.
Según el director de la Ungrd, la ejecución del proyecto fue posible gracias al trabajo conjunto con las autoridades locales, lo que permitió llevar una solución concreta a comunidades históricamente olvidadas.
La nueva conexión fortalece además el acceso hacia la Troncal del Carare, facilitando la integración regional y reactivando la economía de esta zona del sur de Santander.
Con este puente, las comunidades dejan atrás años de aislamiento y comienzan una nueva etapa con mejores condiciones de movilidad, seguridad y desarrollo.




