Por César Mauricio Olaya / Especial para Metropolitano
Es difícil saber cuándo es el momento del llamado, lo cierto es que sin la menor señal, el día llega y como si se tratara de un encantamiento, un pase mágico, un susurro apenas audible, un pase mágico de aquellos que suelen hacer los magos antes de sacar un conejo de su sombrero de copete, la hora llega para el elegido.
No importa que el bendecido sea un galeno que en su condición de especialista en enfermedades respiratorias, que en medio de todo lo que le representó en su vida profesional el haber lidiado contra la pandemia, un día se internó en el jardín y de golpe, su mirada se posó en el vuelo liviano de un colibrí.

No importa que la magia se hubiera apoderado de la profesora, serísima ella, que un día mientras sus estudiantes respondían un previo, su mirada divagó en corto viaje de atención, hacia un semillerito que iba y venía, colectando pajitas y trasladándolas entre su pico en un continuo ir y venir que llamó su atención.
Quizá haya sucedido con el acartonado abogado, qué por circunstancias de su trabajo, debió visitar un predio campestre de un cliente y estando allí, un grito potente distrajo la revisión de un documento, para buscar con la mirada al distractor, encontrándose con la imponencia de un Águila Tirana que se le quedó grabada por siempre.
Pudo haber sido el caso del avezado cazador de la región, reconocido por su habilidad en el uso de la cauchera y quién con orgullo, no tenía el menor reparo en quitarle la vida sin distingo de pluma al ave que se le atravesara y que un día, mientras recogía una de sus víctimas, su mirada se detuvo en el par de miradas de los pichones que calladamente le reclamaban la partida de su progenitora.


Así, cuando revisamos la historia personal de cualquiera de los que hoy hacemos parte del creciente grupo de los pajareros, podríamos tener reservas para construir decenas de historias alrededor de quienes sin ser biólogos, sin pertenecer al universo de la ciencia, hoy alrededor del planeta, integran la tercera de las comunidades de aficionados, con mayor número de participantes, con cifras de impacto como quiera que de acuerdo con los resultados de una encuesta aplicada por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos, arrojó que un total de 94 millones de norteamericanos, pertenecen a grupos relacionados con las aves.
Alimenta tu alma y tu cámara
Las condiciones bióticas que hoy se determinan en el entorno de los 7 mil kilómetros cuadrados que conforman el área determinada entre los límites del embalse de Topocoro, auguran por su relacionamiento con estructuras como el bosque seco del valle medio del río Sogamoso, la selva húmeda tropical y la existencia de extraordinarios baluartes como las estribaciones de la Serranía de los Yariguies, la Serranía de La Paz y el llamado Cerro de los Amores en el sector oriental del espejo de agua, todos ellos en el perímetro de Topocoro, las condiciones perfectas para la existencia de un inventario más que prominente.


En la vereda Corintios, localizada en los límites donde comienza a elevarse la Serranía de La Paz, vive Viviana Rangel Pinto, una joven madre de familia, hija natural de este territorio en el que vio la luz, en un caserío de pescadores ubicado muy cerca al llamado Puente El Tablazo sobre el río Chucurí.
Viviana junto a su esposo Elkin Osorio y sus dos hijos, son los propietarios de la Reserva Tesoro Escondido, donde desde hace tres años, viene empujando su emprendimiento alrededor del avistamiento de aves, logrando hoy brindar a sus visitantes, la posibilidad de registrar un poco más de 200 especies, entre ellas por lo menos cuatro endémicas y algunas, que para el mundo de los pajareros, son catalogadas como verdaderas joyas aladas como el Habia Cenizo, el Tucán Pechiamarillo y el Carpintero Bonito.



Con el apoyo de la dirección de Relacionamiento con la Comunidad de Hidrosogamoso, se viene realizando un trabajo comunitario que hoy rinde frutos con más de quince familias comprometidas con la protección, realización de talleres de sensibilización y conocimiento de las especies y la invitación a un target de primer orden, qué entre los pajareros de Colombia, ya comienza a ser tenido en cuenta entre sus agendas a este territorio que hoy le apuesta al turismo de naturaleza.
Ahora bien, la baraja del turismo de naturaleza registra en la zona otras muy valiosas alternativas como sucede con Manantial de la Aurora Birding, localizado en el Cerro de los Amores y que adelanta desde hace varios años un trabajo continuo y muy dedicado en torno al aviturismo.
Tras esto, obviamente en mi condición de enamorado de las aves, quedaría en deuda sino les comparto el Top 10 de mis aves preferidas registradas en este emporio de vida que lleva el sonoro nombre de Topocoro.


Agradecimiento:
Texto y fotos de César Mauricio Olaya / contenido para el especial: Topocoro, la nueva joya turística de Santander, publicado por METROPOLITANO en el Día Mundial del Turismo




