La propuesta de crear una Zona Económica Binacional entre Colombia y Venezuela atraviesa un momento de incertidumbre tras el cambio de gobierno en el país y luego de que la Corte Constitucional declarara inexequible el memorando de entendimiento firmado por el presidente Gustavo Petro y su homólogo venezolano Nicolás Maduro. El proyecto, que buscaba impulsar el desarrollo productivo y comercial en la frontera, permanece sin una hoja de ruta clara, situación que ha generado preocupación entre los gremios empresariales de Norte de Santander y Táchira.
Representantes del sector privado consideran que la iniciativa, anunciada inicialmente como una estrategia para fortalecer la integración económica entre ambos países, necesita definiciones concretas por parte de las nuevas autoridades nacionales para evitar que quede relegada o pierda impulso.
La inquietud surge en un momento en el que el intercambio comercial entre Colombia y Venezuela continúa mostrando señales de recuperación. Aunque el movimiento de mercancías ha crecido de manera sostenida desde la reapertura de la frontera, los empresarios insisten en que aún existen obstáculos logísticos, aduaneros y regulatorios que limitan un mayor dinamismo económico.
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Los gremios fronterizos sostienen que una zona económica con incentivos especiales permitiría atraer inversión, generar empleo y convertir a Norte de Santander en un eje estratégico para los negocios binacionales. Sin embargo, advierten que la ausencia de decisiones oficiales mantiene en expectativa a los inversionistas y retrasa proyectos que podrían fortalecer la competitividad de la región.
Entre las principales solicitudes del sector empresarial está que el nuevo Gobierno defina si dará continuidad a los acuerdos promovidos durante la administración anterior y establezca mecanismos que otorguen seguridad jurídica a las iniciativas económicas previstas para la frontera.
Mientras tanto, líderes gremiales de ambos lados de la frontera coinciden en que el potencial de la integración económica sigue vigente, pero recalcan que el tiempo corre en contra. La falta de avances concretos, aseguran, podría hacer que una de las apuestas más importantes para el desarrollo fronterizo termine atrapada en un limbo institucional.




