María Paula Peña, santandereana de 27 años, nunca imaginó la reacción que tuvieron sus perros en medio de un juego que terminó en tragedia, llevándola a ser intervenida quirúrgicamente en tres oportunidades y ser sometida a injertos de piel, entre otros procedimientos que le salvaron la vida.
El dramático relato de esta joven colombiana, radicada hace siete años en Concord, California (Estados Unidos), conmovió a muchas personas en el mundo en un caso que ha sido comentado en diferentes medios de comunicación y redes sociales.
En una entrevista concedida a Caracol Radio, María Paula describió los momentos de angustia que vivió al intentar salvar su vida en medio del brutal ataque de sus «bebés», como ella misma llamaba a sus perros (Hanna y Randal) de raza pitbull y que ella adoptó hace tres años.
Las mascotas se convirtieron en su compañía para mitigar la soledad que sienten las personas que migran a otro país en busca de mejores oportunidades.
“Ellos eran todo para mí, eran mi familia, caminábamos, jugábamos, me esperaban cuando llegaba de trabajar, son los mejores perros y la verdad yo me acuerdo de todo como si hubiera sido ayer. Yo a mis bebés los amaba, los adoraba, he estado fuera de las redes sociales porque la gente comenta por qué les digo bebés, pero eran todo lo que yo tenía aquí” expresó María Paula, entrevistada por el director de 6AM 9AM, programa matutino de Caracol Radio.

Historia del ataque
La joven, con profundo dolor recordó como en la tarde del 24 de junio pasado llegó a su casa, como de costumbre, y allí estaban sus perros, una hembra y un macho. “Ellos siempre me esperaban. Abrí la puerta cuando llegué del trabajo y estaba alistándome para salir con ellos a caminar. Me fui corriendo a la basura y vi que mi ‘randalsito’ me siguió y pensé esconderme, esa fue la decisión que yo tomé y me pregunto ¿por qué lo hice?. Cuando el perro se me acerca le dije “¡buuu!” y se asustó, ese fue el error, no que me atacaran de un momento a otro o que ellos fueran agresivos” agregó la joven.
María Paula explicó que sus perros nunca tuvieron un comportamiento violento con ella. Sin embargo, cuando Randal, su perro macho la atacó, inmediatamente se acercó la hembra a atacarla también en medio de los gritos y de angustia.
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“Yo esperé unos siete minutos para soltarme, le pedía a Dios que me ayudara a soltarme para que no les pasara nada a ellos, pero al final ya me estaba costando respirar. Al principio sentía dolor, pero después ya no sentía nada. Un momento, en el que entré en shock, veía como ellos en su instinto animal estaban matándome” agregó.
En medio del conmovedor testimonio, la joven reconoció que al ver que sus vecinos y los policías no podían apartarla de los perros pidió, con el último aliento que le quedaba, que los sacrificaran. “Mi perrita Hanna se me acercó y me mordió en el hombro. Cuando ella llegó pensé que era mi último suspiro y tomé la decisión que me parte el corazón en dos hasta hoy”.
Finalmente, fue llevada al hospital donde la recibieron inconsciente, con signos vitales débiles, pérdida de sangre y graves heridas en todo su cuerpo. Su proceso de recuperación es lento, actualmente tiene movilidad limitada y varios de sus músculos deben ser restaurados.
Sin embargo, con la ayuda de su familia, que viajó desde Girón hasta EE. UU. gracias a una visa humanitaria, prosigue la recuperación tras ese amargo momento vivido que la dejó sin lo que más quería en la vida, sus perros.




