Guamalito volvió a quedar en el centro del mapa de la violencia en Norte de Santander después de que en menos de una semana, una sucesión de tres ataques atribuidos al Eln terminó por sacar a la Policía del corregimiento y dejó destruida la subestación que durante años había representado la presencia permanente del Estado en este punto del Catatumbo.
El corregimiento, jurisdicción de El Carmen y ubicado a unos ocho kilómetros de la cabecera municipal, no es un punto cualquiera en la geografía del conflicto. Su posición lo convierte en una especie de puerta entre el Catatumbo y el sur del Cesar, con conexiones hacia corredores utilizados para el movimiento de personas, armas, insumos y economías ilícitas.
Ese valor estratégico tampoco es nuevo. Registros de años anteriores ya describían a Guamalito como una entrada natural al Catatumbo desde el Cesar y como un territorio históricamente disputado por diferentes grupos armados. En 2005, por ejemplo, se reportó el regreso de la Policía al corregimiento después de 19 años de ausencia debido a los constantes ataques contra los uniformados.
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Una semana de ataques contra la Policía
La escalada comenzó en la noche del 4 de septiembre, cuando la subestación fue atacada con explosivos lanzados mediante drones. El Ministerio de Defensa incluyó el hecho entre las acciones atribuidas al Eln ocurridas esa noche en Norte de Santander. La infraestructura sufrió graves daños y los policías tuvieron que mantenerse en condiciones cada vez más precarias.
Tres días después, entre la noche del 7 y la madrugada del 8 de septiembre, llegó el segundo golpe. La instalación volvió a ser atacada, esta vez con drones y ráfagas de fusil. Para entonces, la estructura policial ya estaba prácticamente inutilizada.
La presión terminó por hacer inviable la permanencia de los uniformados. En la madrugada del 9 de septiembre, los 21 policías que permanecían en Guamalito fueron evacuados por vía aérea. La decisión fue adoptada ante el deterioro de la infraestructura y el riesgo para sus vidas.
Pero la salida de los agentes no cerró el episodio.
La noche del 10 de septiembre, cuando ya no había policías en el lugar, se registró una nueva explosión en las instalaciones abandonadas. Reportes conocidos por las autoridades señalaron que presuntos integrantes del Eln habrían ingresado a la zona y colocado explosivos para terminar de destruir lo que quedaba de la subestación.
El resultado fue contundente: la estructura quedó reducida prácticamente a escombros y Guamalito perdió su presencia policial permanente.
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¿Por qué Guamalito es tan importante?
La respuesta está, en buena medida, en el mapa.
El Carmen es el único municipio del Catatumbo con conexión directa hacia el Cesar y Guamalito ocupa uno de los puntos fundamentales de ese enlace. El alcalde José Reinel Contreras ha descrito al corregimiento como un lugar estratégico para el ingreso y salida de las economías ilegales hacia el Catatumbo.
La vía que conecta Guamalito con sectores del sur del Cesar también ha aparecido este año en hechos relacionados con economías ilícitas. En enero, hombres armados interceptaron y quemaron vehículos que transportaban combustible artesanal en el corredor hacia Ayacucho, en La Gloria, Cesar. Autoridades señalaron entonces que la zona era utilizada para el tránsito de narcotráfico y otras actividades ilegales.
Desde la perspectiva de seguridad, por tanto, controlar Guamalito significa mucho más que dominar un pequeño centro poblado. Significa tener capacidad de movilidad entre territorios que conectan el Catatumbo con el Cesar y, desde allí, con otros corredores del nororiente colombiano.
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La influencia sobre la comunidad
Los informes de inteligencia citados públicamente por autoridades y medios apuntan a un escenario más amplio: las estructuras del Frente de Guerra Nororiental del Eln mantienen capacidad para ejercer control territorial, disputar corredores estratégicos y sostener economías ilícitas en Norte de Santander. A esas capacidades se suman acciones de presión sobre la población y el uso de organizaciones sociales para fortalecer su influencia.
En el caso de Guamalito, esa influencia se expresa en un territorio donde los grupos armados conocen las rutas, los accesos y las conexiones rurales. La propia Secretaría de Seguridad de Norte de Santander había advertido que la zona cuenta con varios ramales que facilitan el desplazamiento hacia Guamalito y El Carmen.
La capacidad de golpear repetidamente una instalación policial también deja otro mensaje: la disputa no se limita al enfrentamiento armado. El objetivo es condicionar quién puede permanecer en el territorio.
La salida de los 21 policías produjo precisamente ese efecto. Durante varias horas, según reportes de autoridades y medios, el corregimiento quedó sin presencia permanente de la Fuerza Pública. Habitantes manifestaron temor y algunas versiones incluso señalaron desplazamientos hacia otras ciudades por miedo a nuevos hechos violentos.

Un vacío que preocupa al Estado
La destrucción de la subestación plantea ahora un problema que va más allá de reconstruir un edificio.
El Gobierno y las autoridades locales acordaron analizar medidas para recuperar la presencia institucional en Guamalito, mientras crece la preocupación por el vacío de seguridad generado tras la evacuación de los policías, aunque desde el Gobierno nacional se ha advertido que se reconstruirá la subestación para el retorno de la Policía en los próximos meses.
El episodio vuelve a mostrar por qué este pequeño corregimiento tiene un peso desproporcionado dentro del conflicto del Catatumbo.
Para el Estado, Guamalito es una puerta de entrada que debe protegerse. Para el Eln, de acuerdo con los informes de inteligencia divulgados y los antecedentes de la zona, es un territorio que permite conectar corredores, mantener movilidad y sostener influencia sobre comunidades rurales.
Por eso, la batalla de los últimos días no se explica solamente por la destrucción de una subestación. Lo que está en juego es quién controla uno de los puntos de conexión más sensibles entre el Catatumbo y el sur del Cesar.




