Huyendo de los seguimientos y operativos que las autoridades en Cúcuta realizan contra los delincuentes, llegaron hace tres meses a Bucaramanga 12 integrantes de la banda binacional conocida como AK-47, grupo ilegal señalado de extorsionar y cometer múltiples asesinatos en la zona de frontera con Venezuela.
Investigadores de la Policía les siguieron los pasos a los inesperados visitantes y entre el 16 y 23 de julio fueron capturados nueve de esos hombres en sectores de la capital santandereana y el vecino municipio de Floridablanca.
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Algunos de los detenidos tenían en sus cuerpos los tatuajes del fusil AK-47 con el nombre de la emblemática arma que fue construida hace 75 años en, la entonces, Unión Soviética (hoy Rusia).
Tras las primeras detenciones, el alcalde de Bucaramanga, Jaime Andrés Beltrán, señaló que entre los capturados se encontraban alias Monstruo y Pure, dos reconocidos integrantes de la banda que bajo el mando del venezolano Jhoswar Saul Hernández comenzó a delinquir hace cuatro años en el área metropolitana de Cúcuta.
“Esta organización criminal binacional es una de las más peligrosas y sanguinarias de la zona de frontera y es reconocida por extorsionar a comerciantes y tener redes de sicarios. Incluso han llegado a amenazar de muerte al alcalde de Cúcuta (Jorge Acevedo)”, señaló el mandatario de Bucaramanga, Jaime Andrés Beltrán.
Pero, ¿por qué llegaron estos delincuentes a Santander?. De acuerdo con información suministrada por fuentes oficiales, la presencia de los miembros de AK-47 no solo estaría relacionada con los operativos que las autoridades despliegan contra ellos en Cúcuta y que los obligaron a huir.
También, querrían establecerse en el área metropolitana de Bucaramanga para cometer los mismos delitos de los que los señalan en la frontera, donde obtienen millonarios botines de la extorsión y el asesinato.
Las teorías y seguimientos
El general Henry Yesid Bello, comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, dijo que los capturados ya habían cometido en su jurisdicción varios delitos como hurto calificado y agravado y homicidio. Uno de ellos, alias Monstruo, está indiciado de cometer tres asesinatos.
“Lo que estamos haciendo es planes de control (y búsqueda) en sitios como hoteles y plazas de mercado identificando e individualizando en qué lugares pueden estar delinquiendo”, agregó el oficial.

La búsqueda de los malhechores estaría relacionada con los lugares y sectores donde la banda comete más delitos en Cúcuta. Según Wilfredo Cañizares, director de la Ong Fundación Progresar, en la capital nortesantandereana los AK-47 concentraron sus actividades ilegales en un amplio sector del Centro cucuteño -12 barrios-, donde en las horas de la noche prolifera el microtráfico, la prostitución y operan residencias, bares y varios oficios afectados por la extorsión.
“Con un grupo pequeño de venezolanos comenzaron extorsionando y atracando. Las autoridades no hicieron lo suficiente y crecieron porque se metieron en un negocio muy rentable, la extorsión al comercio en El Centro donde hay mucha actividad nocturna. Ahora, son más los colombianos los integrantes de esa banda que también cobra un ‘impuesto’ a muchas personas, desde vendedores de tintos y cigarrillos hasta las trabajadoras sexuales”, agregó el analista.
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Cañizares, que es de las pocas personas que públicamente habla sobre la violencia y delincuencia en la zona de frontera, tiene sus dudas frente al hecho de que los AK-47 tengan la suficiente estructura para enviar hombres a Bucaramanga.
“Pueden contactar a alguien y hacer un acuerdo para funcionar como AK-47. Para tener una estructura deberían funcionar con finanzas centralizadas. Pero, ahora, si es un proceso de expansión eso es muy grave”, concluyó Cañizares.




